Ruta por el Japón de los samuráis

Algunos de nosotros fuimos atraídos hacia el Japón debido a las clásicas películas de Kurosawa que desde Rashomon, La fortaleza escondida, Jojimbo o Kagemusha nos enseñaban un código moral, ético y filosófico sólo apto para valientes, dispuestos a servir y morir por la causa. Caballeros entregados a un deber, al servicio de su señor Shogun, héroes de verdad, no superhéroes de fantasía. Personajes fusionados con el aprendizaje de los grandes dramas shakesperianos que el maestro Kurosawa conocía también. Ran era el Rey Lear mientras El trono de sangre era Macbeth.

En la era post atómica aquello de armas más nobles para tiempos más nobles cobraba sentido y aunque la frase de la dice Owi Wan Kenobi a Luke Skywalker en La guerra de las galaxias, concentra las esencias del cine de samuráis que Kurosawa desarrolló desde la década de los cincuenta.

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Como niño de los setenta llegué a los samuráis desde sus avatares jedis pero en cuanto los descubrí me fascinaron al igual que lo habían hecho los pistoleros del western o los caballeros del rey Arturo. Hay en la épica algo de fascinante atracción para un niño y desde ahí viendo a el cine de Kurosawa conocí Japón.

El cine forja ídolos y mitos, al igual que construye paraísos en su reino de sombras. Obviamente, hoy los samuráis ya no existen pero sí algunos de los espacios por los que transitaron, vivieron o fueron enterrados.

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Este debía ser el tema de un documental que quise rodar hace un par de años pero la crisis financiera dejó sin fondos a Casa Asia y televisiones como tv3 se vieron a merced de la rabiosa actualidad y el localismo, de modo que mi proyecto sobre El camí dels samuráis se quedó en el tintero.

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Sé que algún día  volveré al Japón para recorrer los senderos que me faltan pero mientras este momento no llegue, os dejo unas pistas de cuál puede ser una ruta por el Japón tradicional de los samuráis. Por una vez trataré de ser esquemático, sintético y práctico.

 

Dias 1 y 2 – Tokyo – Visita  a los templos de Katori Shinto y Kashima, a pocos kilómetros de la capital. Llegar al alba para ver el templo de Shengakuhi donde están enterrados los famosos 47 Ronin (existen varias versiones cinematográficas). A primera hora, los yakuza acuden a venerar a los antiguos samuráis.

Dias 3,4,5 – Nikko – Si se va en mayo se puede disfrutar del festival Tosho-gu en el que desfilan mil hombres vestidos de samurái, transportando reliquias a lo largo de la ciudad sagrada (en octubre se repite el mismo ritual). Visita al mausoleo de Tosho-gu donde se veneran las cenizas del gran shogun Tokugawa Ieyasu, fundador de la dinastía que reinó durante más de 200 años. Ver el templo de Rinno-ji fundado por Shodo Shonin con la sala de los tres grandes budas. Acudir hasta los baños de Ganman-ga-fuchi en plena naturaleza entre la lava seca del monte sagrado Nantai.

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En el sendero se pueden contemplar más de setenta pequeñas estatuas de piedra llamadas jizo (muy comunes en todo el Japón como indicadores de lugares sagrados). Los más aventureros pueden ascender hasta el Nantai, pasando por la gran cascada Kegon. Los fans de los baños termales onsen pueden llegarse hasta la pequeña localidad de Yumoto.

Dias 6, 7 – Kanazawa – Ciudad medieval que aunque fue bombardeada durante la Segunda Guerra Mundial conserva la casa samurái de Nomura en el barrio antiguo de Nagamachi, además del templo ninja de Myoryuji y un bonito castillo.

Días 8,9 – Kumamoto – La ciudad a las puertas de los Alpes japonesas que conserva uno de los fortalezas medievales mejor conservadas de la isla.

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Días 10,11 – Takayama – Antiguo pueblo medieval que contiene diversas casas samurái intactas que se visitan como museo, además de un barrio antiguo tradicional con casas de madera. Aparentemente turístico pero ideal para transportarse en el tiempo.

Días 12,13,14,15  – Templo Eiheiji – Zazen intensivo de cuatro días de la meditación del budismo zen que practicaban los samuráis. Las normas son estrictas y para ser aceptado se debe estar inscrito en algún dojo zen del mundo. Aprendices abstenerse. Hay que estar preparado para pasarse horas sentado en flor de loto contra la pared!

Días 15, 16,17,18 – Kyoto – Visita entre otros (la ciudad tiene más de doscientos), de los templos zen de Ryoan-ji y Daitokuji. Peregrinación al templo de Fushimi Inari Taisha, mundialmente conocido por sus más de 10.000 toris. El complejo contiene infinidad de pequeños santuarios y aparece en diversas películas como Memorias de una geisha.  Son unos cuatro kilómetros por la montaña. Hacer noche en el Ishihara ryokan donde Kurosawa se recluía para escribir los guiones de sus películas.

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Días 19, 20 – Himeji – Visita el precioso castillo de Himeji, uno de los mejor conservados de todo el país. Está en el extremo sur de la isla, más allá de Kobe, pero afortunadamente el Shingkasen o tren bala hace que las distancias no sean nada en Japón.

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Días 21 a 26  – Kumano Kodo – peregrinación considera Patrimonio de la Unesco desde el año 2004 que recorre entre bosques, viejos caminos samurái que se adentran en la tierra  de los espíritus o yonis, los yamabushi o monges del Shugendo, una de las formas de sincretismo religioso más ancestrales del Japón que mezcla el shintoismo con el budismo y el taoísmo. El itinerario de puede cubrir en cinco días si se camina una media de ocho kilómetros diarios para cubrir la totalidad de cuarenta.

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Días 27,28,29 – Koyasan – Tres días de reposo en alguno de los templos de monte sagrado Koya, también situado en la península de Kii. La mayoría de ellos, como el de Sekhiso son de la secta budista Shingon. Los que estén hartos de tanto templo, tradición y naturaleza contemplativa pueden acabar en la bulliciosa Osaka y revivir la noche posmoderna de Blade Runner.

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Para completar esta ruta se precisa de un mes aproximadamente, sacarse el Japan Rail Pass de 21 días o algo más y combinar el transporte con algún autobús local. Se recomienda dormir en ryokans (casas tradicionales), minshukus (domicilios particulares que vienen a ser como los B&B) y templos que acojan a viajeros. Hay que tener en cuenta que el nivel de inglés de los japonés suele ser bastante pobre, incluso en las grandes metrópolis. En cuanto a la gastronomía todo es bueno y con el sushi hasta se puede encontrar una buena botella de Chablis, pero eso sí la austeridad samurái como mucho se permite un poco de saque o té verde.

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Texto y foto portada/final : Alexis Racionero Ragué

2 Comments on “Ruta por el Japón de los samuráis

  1. María José, estoy de acuerdo contigo pero lo interesante del viaje es que si uno quiere supone desprenderse de, alejarse, abandonar y dejar atrás. Así que si uno quiere puede viajar a un territorio algo imaginario creado por el cine, la literatura o nuestra imaginación. En el caso de Japón, lo bonito es que esa proyección idealizada que yo me hice, la puede encontrar en algún lugar o momento concreto.
    El otro Japón el tecnológico tampoco es lo que más me gusta pero contemplado allá resulta tan desbordante y exagerado que llega a interesar.
    Pero al igual que sucede en lugares como la India, la estructura social es jerárquica, con desigualdades y con esos problemas que el cine de Koreeda también refleja.

  2. Japón: lejanía, exotismo, misterio, hermetismo, equívoco…. desconocimiento, en definitiva. No he viajado a Japón y no sé si llegaré a ir nunca. Tengo sentimientos contradictorios respecto de ese país lejano y desconocido. La información, como siempre, me llega de la literatura y del cine. Y como es de cine de lo que tratamos, pues ahí están Ozú, Kurosava, Mizoguchi… que nos emocionan y nos enseñan su país desde dentro. Son maravillosas películas clásicas, llenas de poesía, épica y misticismo, pero que no creo sean reflejo del Japón que podríamos ver ahora.
    Cineastas como Y. Yamada, H. Kitano o H. Koreeda podrían ser fieles guías de la realidad nipona actual, sobre todo éste último que realizó la desasosegante “Nadie sabe”, terrible muestra de indiferencia social ante la soledad y desesperanza de unos niños abandonados por su madre en un pequeño apartamento del Tokio actual. Reconozco que me impactó esta historia y que me dejó un regusto amargo sobre la sociedad japonesa que posteriores películas de Koreeda, algo más amables, no han conseguido borrar.

    La apabullante tecnología, el exotismo ultramoderno, el gusto por la violencia extrema y el machismo son manifestaciones que, aunque soy consciente que no son exclusivas de la cultura japonesa, me alejan un poco del interés por este país.

    Por supuesto que tengo una opinión sesgada y parcial del asunto, y eso que intento no dejarme influir por la visión del cine norteamericano cuando explica maniqueamente la 2ª Guerra Mundial (excepción hecha de Iwo Jima y alguna otra). Y ya no digamos el cine chino cuando nos enseña las atrocidades cometidas por los soldados japoneses en Nanking o en otros lugares y tiempos.

    Japón puede ser un destino atractivo y emocionante. De hecho, después de las últimas sesiones “elizaldeñas” y de este articulo de Alexis, la percepción va cambiando…

    Maria José Ruiz

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