Los budas de Sri Lanka

Sri Lanka es la tierra de los budas escarpados en la roca. Una isla de contrastes en cuanto a paisaje. De la aridez de su triángulo cultural formado por Anuradhapura, Polonnaruwa y Kandy, al verdor que se extiende a partir de ésta última población hacia los montañas de té de Nuwara Eliya o las playas tropicales que aguardan en las zonas costeras de la isla.

Son muchos los encantos de la antigua Ceylan aunque aquí me voy a concentrar en el interés artístico y arqueológico de sus Budas.

Desde Colombo puerto de entrada natural a Sri Lanka, se asciende hasta Anuradhapura en apenas cuatro horas por una carretera llana y en buen estado para alcanzar Anuradhapura donde se pueden visitar inmensas estupas como la de Ruwanweliseya o la más antigua de Jetavanarama, además de templos en la roca como el de Isuruminiya. A pocos kilómetros de esta pequeña población se encuentra Mihintale, las ruinas fundacionales del budismo Theravada en la isla y en todo el sudeste asiático. Puede verse la pequeña cueva en la que durmió el asceta Mihindu entorno al 247 a.C. El gran buda en el monte sagrado es de yeso y no tiene valor pero la ascensión a la roca sagrada con los escalones esculpidos en la piedra merece mucho la pena.

La devoción de los locales en este ritual de peregrinación es sobrecogedora. Ancianas ascendiendo ayudadas por otros familiares para alcanzar la cima de una piedra enorme, completamente redonda que parece a punto de caer al precipicio. Su morfología se parece mucho a la Golden Rock de Myanmar.

Sri Lanka comparte con este país la presencia de lugares sagrados en la naturaleza a partir de montañas rocosas a las que peregrinar como el monte Popa en el caso birmano o Sigiriya y el pico de Adán en Sri Lanka.

Pero si lo que interesa es ver Budas esculpidos en la piedra, la primera parada desde Anuradhapura es el Aukana Rock Buda, en el camino hacia Dambula. Hay que desviarse expresamente, y hacer un tramo por camino de tierra en buen estado, desde el pueblo que da nombre a este estatua, para llegar a este lugar remoto donde se erige un buda de 16 metros de altura tallado de una sola pieza y al que también se le conoce como Avukana Buddha. Data del siglo V y presenta el sirispata o símbolo de una llama sobre la cabeza, característico de los budas de Ceylán, el sur de la India y Tailandia. Es uno de los cinco budas colosales que se conservan en la isla. Fue tallado en granito y realiza una variante del mudra de abhaya que simboliza la protección y la bondad que vencen al miedo. La mano izquierda descansa mientras la mano derecha se eleva con la palma hacia fuera como en un juramento.

Unos kilómetros al este queda Polonnaruwa, el lugar que en mi opinión concentra mayor riqueza de patrimonio artístico. Las ruinas de la ciudad antigua con grandes estupas como Rankoth Vehera en ladrillo primitivo o blancas como la de Samawathi. Destaca el precioso templo circular de Vatadage donde te reciben cuatro budas sentados en postura de loto, ubicados cada uno de ellos, en los cuatro puntos cardinales. Data del siglo XII, al igual que casi todo el entorno de la que fue antigua capital del reino.

En cuanto a budas tallados en la roca aquí se encuentran los más bonitos de la isla, los de Galvihara. Se trata de tres grandes budas, uno de pie, sentado y reclinado, más uno de menor tamaño en el interior de una pequeña cueva o capilla.

De serena sonrisa, rasgos suaves y cabeza ovalada, les caracteriza la piedra blanca con vetas marinas, azuladas en horizontal que parece dibujar un velo sobre su cuerpo. Los pliegues del vestido y las franjas de color aportan un precioso movimiento sinuoso a las solemnes esculturas que parecen vivas.

La cubierta de uralita construida para proteger el conjunto es del todo desafortunada y parece mentira que la Unesco cuando viene a cuidar el patrimonio de la humanidad tenga tan poco en cuenta el factor estético y cómo su intervención puede afectar al visitante. Pese a ello, la belleza del conjunto de los Budas de Galvihara vale por si mismo el viaje a Sri Lanka.

Ya, en el sur, después de cruzar las montañas centrales entre Kandy, Nuwara Eliya y el precioso valle de Ella, quedan por ver lo budas de Buduruvagala, en mitad de la selva a 3km pueblo de Wellawaya. El buda central de 16 metros es el más alto de la isla. El conjunto data de los siglos IX – X y se compone de un trío de figuras procedentes del Budismo Mahayana.

Un buda Avalokitesvara y dos devotos: el buda Vajrapani tibetano y el Maitreya del futuro. Están todos ellos tallados sobre una colina rocosa, escindida en su mitad para esculpir los budas sobre un plano vertical y perfecto. Quedan leves rastros de pintura añadidos en siglos posteriores sobre las figuras que en este caso son de piedra gris y negra.

Por último, no está mal conocer ejemplos de budas no tan colosales pero igualmente bellos, por su detallismo y refinamiento, como el de Kusta Raja Gal, a las afueras del pueblo surfero de Welligama. Talla de apenas tres metros, incrustado en una buena hendidura en la roca a modo de capilla. Con muchos detalles ornamentales hinduistas en el ropaje y la corona.

Para completar esta panorámica de los mejores budas esculpidos en piedra de la isla de Sri Lanka se podría añadir el conjunto de budas del interior de las cuevas de Dambula, en lo que se conoce como Golden Rock Temple. Dambula queda cerca de Polonnaruwa y para visitar las cuevas hay que realizar una costosa ascensión por un sin fin de escaleras. Arriba esperan cinco cuevas.

La principal, Dambula Viharaya también es llamada la cueva de los budas infinitos. Los hay esculpidos y pintados por techos, paredes laterales, suelos, pasillos, capillas. Todo el espacio parece un bosque de budas. Gran parte el conjunto data del siglo I a.C. aunque la mayor parte de lo que conserva es del siglo XVIII cuando un príncipe local encargó su restauración y repintado. Algunos budas son del siglo XII.

La ventaja del interior de la cueva es la conservación de la pintura y el misterio de la oscuridad pero a nivel escultórico las sensaciones son muy distintas a los casos anteriores.No obstante no hay que perderse este conjunto de cuevas de las que el viajero Fa Shien ya habló de sus maravillosos budas, allá por el siglo IV. Él habló de un Maitreya buda en sus crónicas, hoy desde el futuro los visitantes se asombran con la enorme figura de Maharajalena o gran rey de la cueva número dos.

Pueden encontrarse budas esculpidos en la roca por toda Asia, pero sin duda Sri Lanka, como es propio de una isla, posee la virtud de la concentración en un territorio reducido. Algunos como los de Galvihara son únicos en su belleza, otros tal vez puedan ser superados por los de Gandhara en Pakistán, muchos de los cuales se han perdido para siempre.

Estos budas son probablemente el tesoro mejor guardado de la antigua Ceylan, una tierra en la que el viajero no debe esperar encontrar budismo en la calle, con monjes deambulando o en procesión. Tampoco hay muchas expresiones de rituales o culto, más allá de la peregrinación budista a lugares sagrados como Kandy o alguna de las montañas sagradas. Para experienciar un budismo no pétreo sino vivo y en la calle, es mejor ir a lugares como Myanmar, Laos o el Tíbet.

Los grandes budas de Sri Lanka invitan a contemplar, silenciar y meditar.

En ellos reside, la esencia del iluminado, el buda, aquel que encontró el universo sagrado en su interior.

Alexis Racionero Ragué

* La visita a los conjuntos descritos exigen el pago de una entrada muy cara en comparación con el resto de precios de la isla. Unas 1500 rupias locales que equivalen a unos 7 euros. Una tasa, eso sí, que sólo se aplica a los turistas que podemos pagarlo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

2 Comments on “Los budas de Sri Lanka

  1. Gràcies mestre! A veure si quedem per les muntanyes aviat.

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