Impresiones de Vietnam

Vietnam la vieja Indochina, esa tierra extraña, exótica y tropical que muchos imaginamos llena de vietcongs, debido al cine de nuestra infancia.

Algunos crecimos con el misterio de Apocalypse Now (que aunque fue rodada en Filipinas, transcurre en Vietnam), la épica de Platoon y Nacido el 4 de julio o las machadas de John Rambo, saga de la que tan sólo se salva la inicial First Blood (Acorralado).

Es mucho el buen cine, americano, relativo a la guerra de Vietnam con ejemplos desgarradores como Coming Home (Volver a casa) o The Deer Hunter (El cazador) y clásicos antimilitaristas como La chaqueta metálica del maestro Kubrick.

Hay también títulos menos conocidos como La colina de la hamburguesa o Cruces de hierro, igualmente recomendables pero la verdad es que uno puede sentir un cierto empacho de victimismo cinematográfico en Vietnam. Al menos, ésta es la sensación que tengo hoy, cuando veo alguna de estas películas, después de haber conocido Vietnam y sus gentes.

Cu Chi tunnel1

Las cifras explican que los americanos apenas perdieron a 60.000 hombres mientras las víctimas vietnamitas superan los  3 millones, de los cuales la mayoría eran civiles… Si uno quiere saber lo que fue aquella guerra debe visitar los Cu Chi Tunels, a apenas dos horas de Ho Chi Min, un lugar en la selva que muestra como eran aquellos túneles subterráneos donde apenas cabe una persona y en la que los vietnamitas vivían como gusanos en la sombra, esperando a salir por sorpresa y aniquilar al enemigo, en una guerra de guerrillas terrible y cruel.

Cu Chi2

Otra visita serían las ruinas de My Son, un paraje desolado, con los restos de lo que había sido una precioso santuario lleno de templos Cham que se perdieron para siempre cuando los norteamericanos lo bombardearon, dado que los vietcongs lo utilizaban como refugio.

My Son

Aunque probablemente, la herencia de aquella guerra que tanto hemos conocido por el cine, pervive en las minas que todavía hoy siguen desperdigadas por el territorio,  creando una atmósfera de inseguridad en el viajero que se adentra por senderos desconocidos.

Afortunadamente, Vietnam es mucho más que aquella guerra. Con sólo pisar Hanoi, la antigua capital del norte, te das cuenta de que estas en uno de los enclaves fundamentales de la cultura asiática, una vieja China, un reducto del añejo comunismo, un lugar bullicioso, antiguamente atestado de bicicletas y ahora plagado de motos, con un centro entorno al lago Hoan Kiem, lleno de refinados cafés de herencia francesa y una gastronomía excelente.

Hanoi bar

Los vietnamitas, como los chinos son algo rudos y malcarados pero   el ambiente de los pueblos y ciudades no se resiente aunque los primeros días es duro acostumbrarse a ese hábito suyo de poder ser atropellado en cualquier momento.

En Hanoi, además del mausoleo de Ho Chi Min (un horror en cuanto arquitectura fascistocomunista racional pero una lección de devoción y comprensión de lo que sienten los comunistas por su antiguo líder), no hay que perderse el templo de la literatura, una joya en forma de antiguo templo/escuela confuncianista con una serie de lápidas en forma de tortugas a la entrada muy curiosa.

Así mismo, es obligada la escapada de dos días a la indescriptible Bahía de Halong, esa postal de esbeltos islotes salpicados en un mar surcado por embarcaciones orientales que el cine tanto ha explotado en películas como la bella Indochina.

Bahia Halong2

Merece la pena hacer noche en el barco por muy turística que sea la experiencia. Todavía recuerdo la luna llena al principio de la noche, asomando su cara entre los islotes o el baño matinal cuando las nieblas dejaban paso a un manto anaranjado.

No está mal para quienes les gusta el senderismo subir desde Hanoi a las montañas de Sapa, para conocer los arrozales y las etnias locales pero ahí lo turístico trillado puede ser excesivo.

Sapa

Es preferible, el descenso hacia el sur, deteniéndose primero en la monumental Hué y el histórico puerto de Hoi Ann, una pequeña localidad que fue hogar de portugueses, holandeses, chinos y japoneses donde se respira un aroma de lo que fue la antigua Indochina.

Hoian

Hoi An es mi lugar en Vietnam, al que siempre regresaría, con sus calles peatonales cubiertas de arena y farolillos de papel, anclada en el tiempo, adormecida por el lento fluir de las aguas del río que muere en una inmensa playa tropical de arenas blancas bajo un palmeral.

Hoianplaya

Estuve una semana y me hubiera quedado más. Visité el museo de escultura Cham en Danang, visité las increíbles montañas de sal con sus cuevas budistas, me llegué hasta My Son… pero el ansia del viajero que quiere conocer y conocer me empujó a seguir el camino al sur.

Na Trang es como Playa de Aro o Marbella en versión vietnamita, una delicia para el que busca playón, copas, noches de diversión y masajes bajo la sombrilla. La playa y el mar son excepcionales, de modo que poco que objetar, pero la destrucción urbanística escuece y más viendo la joya que es  Di Tich Thap Ba Ponagar, un templo cham construido en el siglo VIII bajo la influencia del hinduismo, con una estupa con culto en activo, en la que penetras como en un oscura gruta que te absorbe entre los aromas del incienso y la mística de los orientales.

vietnamtemplo

El lugar se haya a unos dos kilómetros al interior, algo protegido de los rascacielos.

Dicen que Mui Né  es otra bonita localidad playera, en este caso repleta de cómodos resorts con jardines y bungalows que dan al mar. Nosotros lo encontramos envuelto en brumas y lluvias. En mi caso, debí sumarle una diarrea galopante que me dejó ver poco.

Muine

Por fin, la llegada a Ho Chi Min, la llegada a la antigua Saigón resultó bastante decepcionante, imagino que debido a que empezamos por el más rural, bucólico y menos poblado norte.

Vietnam motos

La capital es un lugar de locos, con más de cinco millones de motos, un caos circulatorio aterrador, bastante polución y casi ninguna casa colonial o restos del pasado. Es una moderna metrópolis sin las ventajas de lugares como Osaka o Bangkok.

Se sigue comiendo muy bien y hay tiendas excelentes para comprar seda, ropa de lino, pimientas y especias pero recomiendo escaparse al delta del Mekong en breve, si el calor no es descomunal porque eso sí, Vietnam es tierra de mosquitos y altas temperaturas con una humedad relativa altísima que te hacen sentir dentro de una olla exprés.

Los transportes no son muy buenos, en especial los terrestres que los vietnamitas se empeñan en venderte. Por muy cómodos que sean los autobuses, las carreteras son infames. El tren es la mejor opción pero te ponen dificultades en las reservas y no siempre llega a lugares interesantes de la costa. Las ciudades importantes como Hanoi, Danang, Na Trang o Ho Chi Min tienen buena conexión aérea y los precios no son muy caros.

La visita exige al menos veinte días y si se puede, un mes es lo imprescindible para cruzar el país.

Me fui de Vietnam con una sensación agridulce pero el tiempo me ha demostrado que es uno de los mejores destinos asiáticos. Probablemente lo descubrí después de conocer China (de la cuál sólo conozco el norte).

Vietnam resulta una vieja China con toques europeizantes, en una mezcla tropical oriental muy curiosa que si se filtra el mal humor de alguno de los locales y se escapa del bullicio de las grandes ciudades, conforma un lugar bastante bucólico y exótico, relativamente parecido al que pueden mostrar bellas y cursis películas románticas como El amante, Indochina o El americano impasible.

Después de mi viaje prefiero quedarme con esta imagen que con la de los americanos batallando por las selvas plagadas de vietcongs. A éstos últimos les debo un respeto porque Vietnam me enseñó que de historia también se aprende viajando y que una vez he estado ahí no puedo seguir creyendo lo que me cuentan las películas de Hollywood.

vietnamniña

Los vietnamitas son una nación valiente, con una bonita historia y tradición, además de un entorno natural privilegiado. Sé que algún día volveré.

 

Texto y fotografía: Alexis Racionero Ragué

 

 

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