El Taj Mahal

No hay forma de describir el Taj Mahal con palabras. La primera impresión es de algo mágico, no terrenal, de una arquitectura que levita suspendida en el aire como una nube resplandeciente, envolviendo su gran cúpula de vibración contenida.

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El conjunto es la máxima expresión de la simetría y la armonía. Cuatro cúpulas anexas, cuatro minaretes, cuatro grandes arcos laterales, cuatro puertas al recinto…Todo se relaciona con el eje, con el punto de vista central desde que el se ordenan fuentes y jardines, cúpulas y templos adyacentes. Desde cualquier lugar, todas las miradas convergen en su majestática cúpula de estilo mogol, herencia de aquellos persas que en el siglo XVI invadieron la India.

La imagen del Taj Mahal es la de otro tiempo, de las mil y una noches, el paraíso de los románticos y la declaración de amor de un hombre a su esposa muerta. No importa si fue el maraharajá Shah Jahan u otro, si su amada murió dando a luz a su catorceavo vástago. No es preciso escuchar a los guías, ni saberse la historia, tan sólo contemplar en silencio su maravillosa presencia durante el tiempo que uno quiera.

Tajfrontal

Tampoco es preciso competir con cuántos lo han fotografiado. Está claro que todos queremos hacer su foto, tomar ese ángulo no visto o reproducir la imagen o postal que tanto hemos visto. Una vez hecha esa foto, aunque sean dos cientas, no hay que abandonar el lugar hasta haber contemplado el Taj Mahal con vuestros propios ojos  durante al menos diez minutos porque esa es la imagen que va grabarse en la retina. Ese es el mejor recuerdo, la emoción plástica que pulsa nuestros sentidos y espíritu, recordándonos la esencia de una obra de arte.

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Los arquitectos del Taj Mahal fueron Ustad Isa e Isa Muhammad Effendi, dos discípulos del gran arquitecto otomano Koca Mimar Sinan Agha, aunque su pieza principal, la gran cúpula fue diseñada por Ismail Khan. Se tardaron veinte años en construirlo con piedras preciosas procedentes de todos los lugares del mundo. Lapizlázuli de Afganistán, jade de China y grandes cantidades de mármol blanco procedente de Rajastán. Para ello se emplearon mil elefantes y unos veintemil esclavos.   Fue una obra faraónica que debía tener su continuación al otro lado del río  Yamuna, con el Taj Negro pero el hijo del emperador musulmán, usurpó el trono e impidió que su padre llevara a cabo su locura de amor. Lo encerró en el Fuerte de Agra y a su muerte lo enterró junto a su esposa, rompiendo la perfecta simetría del conjunto.

Si se quiere seguir el rastro de la arquitectura mogola recomiendo visitar la tumba de chini Ka Rauza, el único mausoleo de estilo puramente persa  de toda la India, dado que la mayoría presentan elementos hindús o de otras procedencias. El edificio está en bastante mal estado y la porcelana que decora el exterior se ha desconchado pero el interior presenta unas pinturas murales increíbles.

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Así mismo en Delhi no hay que perderse los mausoleos de Safdarjang y el de Humayún. El primero en estado decadente y con parejas que se besan en sus jardines al atardecer. El de Humayún es una de las pocas maravillas de la gran metrópoli india que fue restaurado recientemente.

Safdarjang

Tuve la suerte de dejar el Taj Mahal para el final, una vez había visto estos edificios en Delhi y otras muestras de esta arquitectura por el Kashmir. Durante mis primeras visitas a la India me negué a visitar Agra por ser un gran reclamo turístico. Ahora, pido perdón por haber despreciado la visita al Taj Mahal, por pensar que como maravilla del mundo eran sólo manadas de turistas lo que iba a encontrar.  Pensé que las expectativas iban a neutralizar mi admiración. Me equivoqué… No hay nada que impida emocionarse con la visión del Taj Mahal, el que en mi opinión es el más bello exterior arquitectónico de cuantos he visto.

Tajgente

Sus constructores fueron genios pero occidente sólo se acuerda de los suyos. Persas y otomanos fueron los más grandes arquitectos que aprendieron del Panteón romano para erigir esa maravilla bizantina que es Santa Sofía. Esas esbeltas cúpulas sostenidas en el cielo son el origen del Taj Mahal, todas ellas cumbres arquitectónicas que empequeñecen cúpulas como la de Brunelleschi.

No dejéis de visitar y revisitar el Taj Mahal. Las colas, los trenes, las carreteras o autopistas indias, el calor… No hay obstáculo que deba retener al viajero.

Hay que pasar por el tubo, pagar, admirar y claudicar ante una maravilla del mundo que merece un viaje por si misma.

Texto y Fotografía : Alexis Racionero Ragué

Notas prácticas : El Taj Mahal se encuentra en Agra (Uttar Pradesh). Se acaba de construir una autopista que une esta localidad con Nueva Delhi en apenas 3 horas. La entrada al Taj no llega a 1000 rupias pero hay que calcular este importe, dado que es preciso tomar un rickshaw para llegar hasta él si no se quiere caminar dos kilómetros. Para impedir que la polución lo embrutezca se ha prohibido el tráfico rodado a dos kilómetros a la redonda.

2 Comments on “El Taj Mahal

  1. És veritat, Alexis, un ha de trobar-s’hi per impregnar-se de l’obra, de la visió i del que l’envolta (percebre un temps llunyà que està agafat a cada mur, a cada racó, a cada pedra), però gràcies al teu post em puc fer una idea d’un món que desconec.

    M’agrada el que es desprèn de les formes sospeses en l’aire, levitant com en un somni. És complicat imaginar-se la concepció d’aquest, i el procés de realització, aplicant en la realitat, allò que en l’imaginari és tant seductor perquè és irreal. Però per això cal comprendre la filosofia o la religió que hi ha al darrere.

    Bones ànsies, que continuïn !

  2. La localització es també important, una mica alçat sense res que destorbi, la vista desde el Fort Vermell amb el riu Yamuna per devant val la pena. A la posta de el Sol el canvi tranquil blanc-rosa sobre el fons que s’enfosqueix produeix una emoció inovlidable.

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