El país de las sonrisas

Aquí va un avance de lo que puede ser mi próximo libro que aborda el sureste asiático desde la perspectiva de aprender de su conducta y filosofía.

No es directamente un libro de autoayuda ni de viajes pero tiene algo de ambos.

Pretende ser un libro híbrido que combina el viaje por un territorio (Birmania, Tailandia, Camboya y Laos), la dureza de su historia más reciente, la incidencia del budismo Theravada en el carácter de su gente y la exposición de determinados valores que pueden enseñarnos a ser más felices.

Este tipo de budismo a diferencia del Mahayana cree que el individuo puede alcanzar el nirvana y no se centra en dioses, siendo más psicologísta, ascético y austero.

La felicidad no es una sonrisa permanente sino un estado de ánimo de bienestar con uno mismo, algo que gráficamente puede ilustrar la media sonrisa de Buda meditando.

Esto no implica que para ser feliz haya que ser budista pero hay cosas de esta doctrina que pueden ayudar a los males de la sociedad occidental.

Otra de las claves es el territorio.

No se trata tanto de un país sino de un espacio geográfico común, por historia reciente y pasada. Un lugar cuyo eje es el río Mekong y del que interesan especialmente las áreas rurales.

El libro su nutre de mis distintos viajes por la zona y del que estoy acabando de realizar en compañía de los fotógrafos Teo Tarras y Mariano Rodríguez a quienes quiero agradecer su compañía, amistad y excelente trabajo.

Lo nuestro es un proyecto común del que esperamos que además de mi libro, surja una exposición y otras actividades.

A continuación, ilustro la parte fundamental de nuestro recorrido que ha tenido lugar por Birmania (me resisto a llamarle Myanmar), un país del que me enamoré en el 2006 y al que prometí volver.

Soy consciente del poder mitificador, de la capacidad soñadora del viajero, de la parcialidad del viajero que quiere verlo todo con buenos ojos y no querría obviar que como en todas partes, mi país de las sonrisas, también tiene otras caras pero sólo querría poder compartir y valorar la calidad humana que transmiten estas fotografías y el estado de ánimo que desprenden.

Todas han sido tomadas en Birmania hace apenas unos días y cumplen perfectamente con el requisito de uno de los capítulos de mi libro, llamado “Capturando la fotografía del país de las sonrisas”.

Vendedora Dhammayan Gyi.jp

Vendedora ambulante de collares y postales del templo de Dhammayan Gyi (Bagan).

Aprieta al turista para hacerle de guía y poder vender algo.

En la cara lleva el tradicional thanakha, una pasta hecha con madera de sándalo, de color amarillento que se usa como maquillaje y protector solar. Largas jornadas, de pie, bajo un calor intenso.

Nos cautivó su belleza y elegancia en el trato. Accedió a posar para la foto. Imagen capturada por Teo Tarras.

twinbudas

Los Budas gemelos, son la imagen emblemática del templo de Dhammayan Gyi.

Tamaño monumental. Material, ladrillo pintado en oro y rojo. La sala contenía pinturas murales de las que se conserva una parte.

El mudra o cierre de las manos es el Bhumispara, en el que la mano derecha toca la tierra, simbolizando el momento en el que Buda sentado bajo el boddhi o banyan tree obtuvo la iluminación.

Foto de Teo Tarras.

 

mujershan

Mujer Shan, una de las etnias mayoritarias de Birmania. Son budistas y están vinculados a sus vecinos tailandeses, chinos de Yunnan y laosianos. Visten ropas anchas y turbantes para protegerse del sol.

Volvía de visitar la Shwe Sandaw Pagoda (Pyay). La pillamos en la pasarela al pie del ascensor y posó para la fotografía.

Nos sorprendió su elegancia y serenidad. Para mí encarna perfectamente, la sonrisa interna, el estado de ánimo del bienestar.

Imagen capturada por Mariano Rodríguez.

 

montepopa

Buda sobre la montaña, frente a la Shwe Sandaw Pagoda, una de las más veneradas en Myanmar, junto con la famosa Shwedagon de Yangon. Está ubicada en la pequeña ciudad de Pyay, junto al río Ayeyarwady. La leyenda dice que data del siglo VI a.C.

 

Monje anciano Shwe Yan Phay

Monje del monasterio de She Yan Phay, próximo a Nyaungshwe y el lago Ingle.

Veía pasar la vida, bajo el bello templo de madera sobre el que los novicios iban a iniciar la lectura de mantras.

Sabiduría y las huellas de una vida sobre arrugas y manos. Ni posó para la foto, ni se alteró. Probablemente, ni se diera cuenta.

Nos gustaría saber qué ven sus ojos.

Imagen capturada por Teo Tarras.

Lago ingle

Pescadores del lago Ingle, imagen típica en el que se rema con el pie mientras se usan las manos para pescar en red.

Imagen tomada a las ocho de la mañana, antes de un importante tormenta.

Foto Teo Tarras.

 

campesinosriksetra

Campesino en entorno rural a Sriksetra, yacimiento arqueológico de antigua capital del siglo II a.C. – IX.

Foto tomada junto a camino de carro, a las cinco de la tarde entre campos de arroz.

Representa la imagen del trabajo con satisfacción. La pausa merecida o la cadencia diferencial a la nuestra.

Imagen capturada por Mariano Rodríguez.

 

Estas son tan sólo una muestra de las fotografías y experiencias que vivimos buscando capturar la foto del país de las sonrisas.

Probablemente el libro no podrá contener muchas de ellas pero sí contar y narrar todo lo que se desprende de ellas.

Nuestra ruta por Birmania duró 15 días, en los que visitamos Yangon, Pyey, Monte Popa, Bagan, Kallaw y el Lago Ingle para volver a la capital. Viajamos en casi todos los medios, excepto el tren. Pasamos calor, comimos bien y no paramos, unos fotografiando y un servidor guiando, planificando y apuntando.

Myanmar no decepciona, globalmente es excepcional pero el turismo de masas está estropeando el carácter de las gentes de Bagan o el Lago Ingle, aunque por fortuna estos espacios se mantienen como lugares únicos en el mundo, especialmente el primero, el valle de los templos y pagodas que la Unesco preserva pero debería proteger aún más.

Querría acabar dedicando este post a Gino, el hermano de Teo que falleció cuando iniciábamos este viaje.

Silenciosamente, ha estado con nosotros.

Alexis Racionero Ragué

 

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