La La Land

El cine no clásico, no ha muerto. Damien Chazelle, se consagra como niño prodigio de Hollywood con esta película que reivindica las esencias del musical clásico, adaptando sus formas al cine contemporáneo.

El clasicismo enmarca la ambientación, el tono de un romance idílico y el trabajo de unos actores todoterreno que tanto transmiten con un cruce de miradas, cantan, lloran, bailan o vuelan a las estrellas.

En la forma aparecen planos secuencia majestuosos como el que da inicio, puntuaciones de montaje que nos trasladan a revisitar una presentación desde otros puntos de vista y tanto la música como el sonido percuten en leitmotivs o silencios contenidos.

Si el principio es espectacular, el final es un prodigio de inteligencia visual intimista, con las teclas de un piano pulsando tu fibra sensible.

En conjunto hay un despliegue de elementos de un lenguaje plenamente moderno que casa a la perfección con lo clásico.

Además, abunda el metacine, eso del cine dentro del cine. No tanto por llevar a los personajes al interior de una sala cinematográfica sino por la abundancia de homenajes encubiertos o evidentes.

Un plano homenaje a All that jazz, un segmento de Un americano en París, la calle de los Paraguas de Cherburgo

Chazelle sabe de cine y tiene gusto por lo añejo. Su película además de homenaje a los tiempos del technicolor de Rebelde sin causa o los colores de West Side Story, toma algo de la fotografía colorista de Jack Cardiff en otro referente del género musical como Las zapatillas rojas.

Por si fuera poco, este nuevo niño prodigio de Hollywood sabe mucho de música y su película es también una reivindicación al jazz más puro y experimental de los tiempos del Be boop con Charlie Parker, Monk, Coltrane, etc.

Hay una escena con un diálogo impagable entorno a la diferencia del jazz auténtico y ese de ascensor como el de Kenny G.

Tal vez sea una película demasiado bonita, redonda y bella para las atormentadas mentes posmodernas, ávidas de atmósferas malsanas y críticas existenciales.

Ciertamente, ésta es una película arriesgada que roza lo cursi y con una tesis clara que no admite mucho debate : Vive tus sueños.

La vida es de los soñadores, de los que persiguen una meta, por utópica que ésta sea.

Sí, puede ser un edulcorado cuento de hadas pero ¿qué más da? Ya está bien de dramas y excusas amparadas en la crisis. Hubo un tiempo en el que el cine hacía soñar, como cuando Gene Kelly se subía por las paredes o Ester Williams hacía lo imposible en una piscina. Décadas después aquella Universal que nos trajo monstruos y musicales durante los duros años 30, cabalga hacia los Oscars con una película con regusto a los mejores tiempos del cine clásico.

Aquí también hay star system. Con el tipo de duro de Drive, Ryan Gosling ejerciendo de pianista incomprendido, al tiempo que despliega sus recursos como bailarín y cantante. A su lado, Emma Stone, irradia como un sol incandescente. Con un rostro bello y carismático, de ojos cristalinos capaces de transmitir cuánto quiere, como en ese plano prodigioso en el que cuenta su sueño en París.

Juntos hacen una buena pareja, con química, además de marketing.

Ellos son la película, aunque en una secuencia se cruce J.K. Simmons, tremendo secundario que lo bordó en Whiplash, la anterior película de Chazelle.

La carrera hacia los Oscars parece ganada. La la Land lo tiene todo, en especial todo aquello que al viejo Hollywood le puede gustar pero no creo que ésta sea una peli diseñada para conseguir estatuas, sino un canto de amor al cine de toda la vida y también a la ciudad de Los Ángeles.

L.A. es la meca al que todos van a cumplir sus sueños. Un laberinto de autopistas, sesgado por la mística de Sunset Blvd. Tuve la suerte de estar ahí, un tiempo para dar rienda suelta a mis sueños y aprender de cine gran parte de lo que ahora sé. Recuerdo la ilusión de quienes queríamos dedicarnos a esto del cine, las miradas de las camareras esperando la hora de un casting, la conversación del taxista que tenía un guión que algún día le llevaría a la fama.

Muchos sueños se quedan en el tintero, otros se cumplen y algunos cambian pero qué importante es tener un lugar en el que poder soñar.

No he olvidado la belleza inmensa del Océano Pacífico, la esbeltez de las palmeras alineadas al sol de California, ni lo importante que es no dejar de sonar y perseguir tus sueños cada día.

La la Land habla de todo esto, por eso me ha conmovido y creo que devuelve a la gente a las salas de cine. Es bonito ver las colas y las caras de la gente al salir de la proyección. Ver que una película se proyecta a la vez en varias salas y que pese a la globalidad y las series, todavía es capaz de marcar una época.

El cine vuelve a sus esencias de contar bien una historia universal, esa que va del amor, las oportunidades perdidas, los sueños que vivimos y no se cumplieron, lo que pudo haber sido… Emociones que todos llevamos con nosotros y que una buena película como ésta, sabe despertar.

El mundo es de los que sueñan y persiguen sus sueños.

Alexis Racionero Ragué

The Cure, cuando fuimos góticos

Hay grupos que forman parte de tu vida y para muchos de nosotros, los que vivimos los ochenta como adolescentes en busca de nuestra identidad, the Cure fue un reducto de oscuridad fascinante.

En tiempos horteras de Duran Duran o Spandau Ballet, con la depresión del post punk o de soportar a las generaciones que te pasaban por la cara lo de haber crecido con los Stones o los Clash, the Cure se convirtió en la opción disidente, auténtica y propia de toda una generación que estos días vuelve a rendir pleitesía a Robert Smith y los suyos, de los cuales quedan ya bien pocos.

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Pese a la importancia del bajo y teclados de Simon Gallup, la guitarra Porl Thompson o la batería de Laurence Tolhurst, pocas veces un grupo ha dependido tanto del carisma y talento como the Cure con Robert Smith.

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El magnetismo de este hombre arácnido, vampírico oscuro y misterioso ha combinado con sabia autenticidad gestos de bohemia francesa, con nihilismo punk y labios de carmín glam, siempre bajo ese pelo estropajo desaliñado muy anterior a los tiempos de Tim Burton y su Eduardo Manostijeras.

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De voz inconfundible, capaz de rasgar y componer veladas memorables como Pictures of you o nanas como Lullabay y So close to me, o meterse en registros más punkies en Grinding Halt, Jumping Someone Else’s Train. Aunque para mí la magia de the Cure está en la densa oscuridad de temas como A forest, The Drowning Man o A Strange Day.

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Soy de los clásicos oscuros, de aquella trilogía memorable compuesta por los LP Seventeen Seconds, Faith y Pornography. Si me tuviera que cortar las venas y entregarme a la noche eterna lo haría escuchando estos discos que me han acompañado en momentos de tristes o en tantos otoños melancólicos. Porque the Cure te recuerda que existe el lado oscuro, que hay una atracción fascinante en lo oscuro, decadente y mórbido. Es el mundo de Allan Poe, de Lovecraft, de las sombras que nos son fascinantes y que alguien decidió englobar bajo el término gótico.

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El ritual de un concierto de los Cure te devuelve a viejas costumbres, ropa negra, cadencia hipnótica y como Drácula a escuchar a las criaturas de la noche.

Desde su primer disco Three Imaginary Boys en 1979 ha llovido mucho. Mi disco de plenitud fue The head ont the door  y el grupo pareció venderse a lo que no era en tiempos comerciales con albums rentables como el Kiss me Kiss me Kiss me o Wish.

A mí entonces me dio una pataleta y dejé de seguirles. Por culpa de ello me perdí el Disintegration y regresé casi pidiendo perdón.

No olvidaré jamás la primera vez que los vi en el Palau dels Esports de Barcelona, a finales de los ochenta siendo un adolescente que halló parte de su identidad siguiendo a los Cure. Los volví a ver en los noventa y en el 2008 en el Sant Jordi,  pero nada como aquella noche del 2002 en Benicassim cuando ya crecidito, en compañía de dos buenos amigos, vimos tocar a los Cure, en mitad de una muchedumbre indie jovencita.

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Presentaron el Bloodflowers un disco que regresaba a la oscuridad, de ahí ya no se vio un atisbo de luz, las tinieblas nos cubrieron mientras los jovencitos se las piraban en busca de algo más marchoso, más tecno, más para ellos. Allí estaban Robert Smith diciéndonos a nosotros que habían vuelto a la raíces de las que nos han hecho proceder. Poco a poco fueron cayendo temas de aquella gloriosa época y también otros más actuales que desde la oscuridad post punky new wave venían a constatar que lo suyo no es sólo nostalgia sino un lugar en el espacio de la música de la que beben tantos como Placebo y que pudieron compartir con ídolos perdidos como Joy Division.

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No crecimos con los Stones, ni con los Beatles, y el punk nos pilló de niños pero tuvimos la suerte de descubrir la oscuridad, la melancolía y una forma de liturgia musical con the Cure, esa que todos sabremos celebrar en su nuevo concierto.

Dum, dum, dum, dum, dudum, dudum,

Come closer and see
See into the trees
Find the girl
If you can
Come closer and see
See into the dark

Oscuridad, apenas dos focos blancos, un bajo poderoso y un lamento fascinante que curva nuestras espaldas, nos adormece, nos hace brincar en pogos salvajes y nos recuerda que somos parte de un pedazo de la historia.

Fuimos góticos y no dejaremos de serlo.

Alexis Racionero Ragué

(Un abrazo muy sentido a quienes me han acompañado en mi vida con los Cure, vosotros sabeis quien sois, Jordi, Mia, Xavi, Lucia, Julio, Tom, JB, Vic, Cristian …)

 

Dylan, el héroe y bardo contracultural

Dylan premio Nobel. No lo necesita, cierto pero se cierra un bonito ciclo que tiene que ver con la Contracultura Norteamericana que iniciaron los Beats con los que Dylan se codeó por el Greenwich Village.

Si entonces, éstos, en especial Ginsberg o los más desconocidos Gregory Corso o Gary Snyder, reivindicaron y devolvieron a la poesía al lugar que merecía, hoy Dylan hace lo propio con las letras musicales.

Dylan beat

Lennon y tantos otros estarían contentos porque han sido muchos quienes han contribuido al desarrollo de nuestras vidas con letras de canciones que llevamos grabadas como mantras.

En mi caso puedo hablar del Nowhere Men o Strawberry Fields de los Beatles, de Play with Fire de los Stones, del Wish you Were Here de Pynk Floyd y una lista inacabable de Dylan : Visions of Johanna, Desolation Row, Like a Rolling Stone, Chimes of Freedom, Lay Lady Lay o la que más escucho estos días Simple Twist of Fate.

Dylan ha dado llama a nuestras vidas, para mí es el refugio que siempre está ahí cuando las cosas van bien o van mal, alguien que ocupa mi espacio más íntimo y personal, mi refugio, quien me acompaña cuando estudio, escribo o contemplo un paisaje.

De él me gusta hasta esa voz rota y nasal. Incluso sin comprender sus letras, te cala, te penetra, como decía Sabina en su escrito para El País

“ No entendí nada de lo que decía, pero tuve claro que me estaba hablando a mí. Su manera personal de jugar con la fonética, de escupir las palabras, de frasearlas, consiguió que aquel poeta que yo entonces quería ser decidiese convertirse en músico.”

Dylan

La persona que está detrás de Dylan, ese Bob Zinnerman es un tipo con varias caras pero que ha tenido claras sus raíces contraculturales, siendo déspota, arisco, indomable e imprevisible para la prensa como el genio Lennon o el gran Lenny Bruce, hoy bastante olvidado.

Es cierto que a principios de los ochenta nos tuvo perdidos con su mesianismo católico pero no le duró mucho. También sería justo reconocer que cuando pudo ser icono hippie, algo en lo que se convirtió casi sin quererlo, se salió de la masa, avanzando una vez más contracorriente.

En unos días, el 19 de noviembre voy a dar una conferencia sobre El cicle de l’heroi,el camí del despertar en la Akademia de Sabadell y voy a utilizar a Dylan como imagen o arquetipo del héroe de las mil caras de Joseph Campbell, porque él como todos los héroes ha transitado en solitario, abriendo camino, adentrándose en lo desconocido para alcanzar algo que los demás desconocían algo que defendió a contracorriente y que al final difundió entre los suyos para hacer avanzar a su sociedad. Eso es lo que hacen los héroes, los genios, los artistas y los científicos con sus descubrimientos.

Dylan glasser

Dylan nos ha enseñado que las canciones pueden ir más allá del cándido I want to hold your hand, del chico conoce chica, que los bardos medievales pueden ser plenamente contemporáneos y que nuestra alma se conmueve cuando escucha una bella melodía, acompañada de una letra profunda.

Detrás de Dylan no sólo están los beats y su sentido autobiográfico sino todos aquellos padres del folk musical con Woody Guthrie y Pete Seger al frente. En su camino, le han acompañado otros maestros como Neil Young, Van Morrison, Leonard Cohen, Joan Baez o Donovan pero ninguno como él.

Bob Dylan goes electric at the 1965 Newport Folk Festival.

Dylan inventó el folk rock aquel 15 de julio de 1965 en Newport cuando enchufó la acústica a la electricidad, ante la sorpresa general y posterior abucheo de la audiencia y propios organizadores del evento. Ninguno de aquellos puristas del folk comprendían lo que Bob estaba haciendo.

Para mí Dylan es de lo mejores contribuciones que ha dado la cultura norteamericana junto al cine, un terreno en el que también ha sido prolífico.

Cierro este sentido post con cuatro apuntes sobre Dylan in the movies (título de la canción que le dedicaron los Belle & Sebastian).

Imprescindible su aportación musical y su presencia como Billy the kid, en el clásico de Peckinpah, Pat Garret & Billy the Kiid (1974)

Básico el documental de Pennebaker Don’t Look Back (68) o el más reciente No Direction Home (Scorsese, 05) y muy interesante el I’m not there de Todd Haynes (07) con una Cate Blanchet bordando el papel del Dylan rebelde beat en blanco y negro que toma el pelo a la prensa. Ella es sólo un cara del poliédrico Dylan que en el film es encarnado por ésta y por Richard Gere, Ben Wishaw o Christian Bale.

Estos días no me canso de escuchar el Blood on the tracks, mi álbum favorito junto con el Nashville Skyline que me ponía de niño, fascinado por la el saludo de la portada de un muchaco imberbe y extraño sombrero.

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Toda una vida con Dylan, como sucede con tantos de nosotros. Es el privilegio de los héroes de verdad, de aquellos que no combaten con las armas sino con la belleza de su corazón.

Alexis Racionero Ragué

Campaña Crowdfounding documental El Misteri de les Taules

El misteri de les Taules es un documental de 50 minutos que investiga el origen de estos recintos prehistóricos que se vinculan con cultos mistéricos del Mediterráneo antiguo.

La taula es una estructura monolítica compuesta por una piedra soporte vertical y una horizontal que la corona formando una T.

Hoy en día, se reconoce que fueron espacios de culto pero se desconoce a quién se veneraba, tan sólo hay pistas de los rituales que se realizaban, gracias a los fragmentos de huesos de animales sacrificados y de ánforas de vino, así como una gran hoguera que remite a los orígenes de la fiesta de San Juan, el solsticio de verano y las fiestas dionisíacas de gran tradición en todo el Mediterráneo.

El documental quiere exponer las diferentes hipótesis establecidas desde principios del siglo XX, cuando una arqueóloga británica llamada Margaret Murray llegó a Menorca para excavar dos recintos de taula.
Su conclusión es que más que un altar sacrificial, la taula era objeto de culto por si misma. Más tarde, un personaje local, Mascaró Pasarius, conectó la morfología de la taula con la cabeza astada de un toro y desde entonces, son muchos los que han seguido añadiendo sus distintas hipótesis.

Por ello, El Misteri de les Taules se construye a partir de la fascinación de un investigador que actúa de narrador invisible, siguiendo los pasos de la arqueóloga M. Murray, presente desde una cámara subjetiva, implicando al espectador en la visita a los distintos recintos de taula y conduciendo las entrevistas con los diferentes arqueólogos e historiadores.

El objetivo no es dar con una respuesta absoluta sino dejar que el espectador interprete y construya su propia hipótesis. El enfoque no quiere ser cientifista ni académico pero tampoco frívolo.

Está dirigido a todos los públicos y principalmente lo que busca es dar a conocer y reivindicar la importancia de la cultura talayótica menorquina que aspira a ser reconocida como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco durante el año que viene, 2017.

El turismo y los intereses económicos tienden a no tener muy en cuenta la importancia de estos espacios fundamentales para comprender de dónde venimos y cómo era la antigua cultura del Mediterráneo.

Menorca conserva más de mil yacimientos prehistóricos que deben ser dados a conocer para tomar conciencia de lo importancia de su conservación y estudio. Durante años, muchos de estos recintos han sufrido expolios y algunos, se conservan en un estado bastante precario.

El proyecto quiere revalorizar la arqueología y constatar el difícil momento que está pasando, captando al espectador mediante uno de los misterios de la historia, que no sólo nos habla de cómo eran los primeros pobladores de Menorca, sino de todos nosotros, los pueblos del Mediterráneo.

El punto de partida son unos libros de arqueología publicados por la Cambridge University en los años treinta, hallados en un anticuario de la isla.
Su autora, Margaret Murray acababa de escribir un libro sobre La brujería en Europa durante la Edad Media y otro sobre El dios de los brujos.

Sesenta años después un espeleólogo menorquín encuentra una talla de un dios cornudo en una cueva suspendida sobre un acantilado.
¿Pudo ser éste el dios venerado en los recintos de taula?

De este modo arranca esta investigación que plantea un documental, a medio camino entre el reportaje y la ficción, que quiere dar a conocer las taulas talayóticas, un monumento único en el mundo que sigue fascinando a todo aquel que las visita.

Tenemos parte del documental rodado y el apoyo del Consell Insular de Menorca e IB3 pero no es suficiente ni para cubrir gastos por eso hemos promovido esta campaña de recaudación para tener el dinero que nos falta.

Si lo conseguimos querríamos hacer diversos estrenos en la isla de Menorca, Barcelona y otros lugares.

Para saber más visita la página de Verkami de El misteri de les Taules.

Gracias por vuestro interés, apoyo y aportaciones.

Alexis Racionero Ragué

Las Taulas de Menorca

Escribo este post como avance de la inminente campaña de crowfounding que arrancará en breve en verkami.com, para obtener los fondos que nos faltan para poder llevar finalizar el documental El misteri de les taules, en el que llevo ya unos años trabajando.

La primera cuestión que se suele plantear,  como en entrevista  que me hizo Ruben Atienza en el diario Es Menorca el pasado 2 de septiembre o  las que hice para IB3 Ràdio (las podeis escuchar aquí : programa Nura / programa El dia a Menorca) es ¿por qué las taulas?, ¿de dónde viene mi fascinación o la de tantos, por este monumento megalítico de datación incierta que se incluye en la denominada Menorca Talayótica?

Para mí la taula es lo más parecido  al monolito de Kubrick en 2001.

No es que crea como en el film que este misterioso bloque pétreo, compuesto de una gran piedra soporte y otra capitel, proceda del espacio o de una inteligencia superior que nos la envía, pero mi mitomanía fílmica me conecta poderosamente con 2001.

La taula atrae por su misterio, su monumentalidad, su carácter remoto y por las energías que desprende (con permiso de los cientifistas escépticos).

torreta taula

Una de las cosas que más me fascinan de la taula es su antigüedad, la evidencia de estar ante algo anterior a nuestra era, un espacio que te habla del origen de los tiempos, de una forma sugerente, enigmática y remota.

En cuanto a su arquitectura,  resulta  deslumbrante su perfecta sencillez. Tan sólo dos piedras conforman una perfecta T, cuya leyenda popular llamó “taula” porque creer que eran las mesas donde comían los gigantes que habitaron la isla.

Taula 2

Obviamente, hoy esta idea es sólo parte del imaginario popular,  desde los estudios de Margaret Murray (una de las figuras clave que trataré en el documental o en un post posterior durante la campaña) se sabe que las taulas fueron espacios de culto religioso.

La taula se enmarca en un recinto con forma de herradura, con paredes circundantes que albergan pequeñas capillas y una serie de piedras alineadas en su mismo eje (la piedra libre ubicada a su izquierda y otra a la derecha que suele estar en contacto con el muro circundante.

Al recinto se accede por una puerta enmarcada por un dintel y casi siempre están orientadas al sudeste y dentro de un poblado talayótico donde también se encuentra, al menos un talayot. Este último es un edificio circular de piedras amontonadas en un promontorio o montículo que hasta la fecha se creía atalaya de observación y defensa, pero cuyas recientes excavaciones en Cornia empiezan a poner en entredicho.

trepuco apaisada

La taula, al igual que gran parte de la cultura taloyótica, sigue siendo un misterio y ese es gran parte del encanto para rodar un documental de investigación que quiere también incluir un espacio para la imaginación, la ficción y la ensoñación del espectador.

Visitando una taula uno puede dejar echar a volar la imaginación y pensar que fueron centros de adoración al sol o las estrellas, o que eran recintos donde se realizaban bacanales o fiestas hedonistas para celebrar las cosechas o espacios de culto liderados por el chamán de la tribu donde se llevaban a cabo prácticas de sanación…

No hay nada verdad. No conocemos la verdad. Son muchas las hipótesis y los visitantes que se rinden a sus encantos. La pena es que este monumento de la prehistoria de Menorca es muy poco conocido fuera de la isla y poco valorado por los isleños.

Para mí, pese al interés del recinto, la taula en si, es el elemento fascinador que concentra las miradas  como un gran monolítico sagrado al que adorar, como una gran cruz de la antigüedad que viene a demostrarnos que somos tan sólo, una parte insignificante de una historia universal.

 

Alexis Racionero Ragué

Kriya para Svadhisthana Chakra

Kriya para el 2º chakra.

Emociones, Creatividad, Sexualidad, Adaptación cambio.

Elemento agua.

Uno de los chakras clave del triángulo inferior que nos conecta con energía de la luna, shakti y que interviene en nuestras emociones, capacidad de creativa.

Desarrollo sutilidad.

Nivel medio/alto. Se trabaja mucho el área de pelvis y cadera. Incluye ejercicios fuertes de abdominales. Tomar especial cuidado con asana 6 de cobra a plataforma, de no cargar lumbares ni arquear en exceso la espalda. En postura de silla, mantener espalda paralela al suelo y al realizar el arco (asana 9) no separar en exceso las rodillas.

Trabajar kriya con intensidad desde la sutileza.

Svadistana 1

Svadistana 2

Taller True Self – Menorca Julio

Repito el taller True Self entre el 29 y 30 de julio en Ek Ong Kar Menorca de Mahón, en compañía de Acharya Migmar, maestro tibetano de meditación Vipasana y experto en Budismo Mahayana.

Yo me encargo de la parte relacionada con kriyas de kundalini yoga concentradas en los chakras y aspectos de psicología Gestalt.

El objetivo de este intensivo es entrar en contacto con el conocimiento de tu verdadera identidad, comprendiendo el concepto de máscara y sombra.

Abierto a todos los niveles. Desde aquí agradezco a ekong kar menorca su colaboración. Puedes clicar aquí para ver su página facebook.

TRUE SELF Menorca 1TRUE SELF Menorca 2TRUE SELF Menorca

 

Kriya para el Ser Instintivo

Kriya para trabajar el triángulo inferior. 3 primeros chakras, vinculados con los más instintivo.

Esta es una serie para sentirse vivo y despertar el cuerpo.

Incide sobre los tres primeros tattvas o elementos. Tierra, Agua, Fuego. Supervivencia. Base emocional. Equilibrio interno.

Combate miedos y el sentimiento de no pertenecer. Mejora la rigidez emocional, sentimiento de culpa y la ira.

La estabilidad de raiz afecta nuestra manera de pensar, pudiendo hacer los pensamientos más positivos.

Es fundamental trabajar bien sobre el triángulo inferior para crecer desde un enraizamiento.

Después de trabajar esta serie durante un tiempo es bueno ir al 4º chakra para expandir desde el corarón o llegar al 6º chakra con kriyas como  la de la glándula pituitaria que colgué en un anterior post y que he trabajado en clase, con tiempos reducidos, después de la del Ser Instintivo.

Nivel medio / avanzado. Hay que vigilar con la segunda asana, la cobra en dinámico y tener en cuenta el patrón de respiración, inhalando en cobra y exhalando en tabla. Igualmente, la 5 postura de la serie, la langosta o salabhasana pide clavar el coxis en la tierra y subir abriendo pecho, tirando de los brazos hacia atrás. Mal construida esta postura puede lastimar las lumbares. Por último, antes de finalizar con sat kriya, la serie pasa por la vela, una de esas posturas invertidas que deben construirse despacio y sin mover el cuello una vez se está en la postura.

Kriya ser instintivoKriya ser instintivo2Kriya ser instintivo3

LAS ROAD MOVIES y EASY RIDER

Las Road movies son más que un género cinematográfico, implican una filosofía de vida On the road, heredas de la mítica novela de Jack Kerouac y de las raíces mitólogicas de la aventura o el héroe de las mil caras que en el contexto americano desembocan en mito del Dorado o la conquista del oro.

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El viaje como forma de conocimiento o mejor dicho autoconocimiento, ha existido de el origen de los tiempos y en el cine, westerns como la Diligencia (Ford, 39) o tantos otros mostraron viajes por la remota geografía norteamericana, al igual que clásicos como Sucedió una noche de Capra, ya podían mostrar el viaje de sus protagonista en transformación.
El sentido del viaje y de toda road movie es precisamente, la transformación, el cambio y maduración personal, algo que puede quedar perfectamente reflejado en road movies como Malas Tierras (Malick, 73), Alicia ya no vive aquí (Scorsese, 74), Thelma & Louise (Scott, 91).

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En cambio otras como The Vanishing Point (Serafian, 71) Two Lane Blacktop (Hellman, 71) o Fargo (Coen, 96) pueden ser viajes fascinantes para el espectador pero con menor maduración o cambio en sus protagonistas, como también sucede en El diablo sobre ruedas (Spielberg, 71)

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El nacimiento y esplendor de las road movies, llegó en los años sesenta y setenta cuando estas películas conectaron el sentir de la época y los aires de rebeldía y libertad.

La road movie supuso no tanto una huida sino un canto a la vida, al carpe diem, viviendo la vida al límite, disfrutando al máximo de cada momento. El viaje por las remotas carreteras era un pretexto para salir de la rutina, del establishment y conocer la geografía de un país gigantesco y de contrastes que se podía cruzar por la mítica road 66 o en un coast to coast.

Antes del cine, la road movie pudo ser novela como la ya citada de Kerouac o la fantástica Ponche de ácido lisérgico de Tom Wolfe, narrando las desventuras de Ken Kesey y sus Merry Pranksters a bordo de su autobús psicodélico.

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En lo cinematográfico, dos películas esenciales del New Hollywood de finales de los sesenta, sembraron las pautas de toda road movie. La primera de 1967 fue Bonnie & Clyde de Arthur Penn que aunque se ambientaba en tiempos de la Gran Depresión, hablaba directamente de la contracultura hippie, de dos jóvenes que renunciaban a la vida programada en la oficina o el hogar para lanzarse a la vida on the road, como amantes y pequeños delincuentes, enfrentados al sistema.

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La identificación del público joven que iba al cine, con la pareja Beatty/ Dunaway fue total y el film se convirtió en un éxito de público y recaudación, el mismo año que triunfaba El Graduado (Nichols, 67), otro film que sin ser road movie, conectaba claramente con la Contracultura.

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Easy Rider (Dennis Hopper, 1969) se convirtió en símbolo de todo este periodo de revuelta y libertad con la imagen icónica de los moteros sobre las Triumph/Harley Davidson, cruzando los áridos paisajes de la América central. Ya desde los tiempos de Brando (Salvaje, Benedek, 53)) la moto se había convertido en símbolo de libertad, substituyendo al caballo del western.

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El film de Hopper fue una producción independiente de la BBS, financiado con una aportación mayoritaria de Peter Fonda que junto al propio Hopper coprotagonizaba esta road movie, a la que sumaba en su tramo final, Jack Nicholson.

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Como en Bonnie & Clyde la influencia de los nuevos cines europeos (Nouvelle Vague, Neorrealismo o Free Cinema) se hacía sentir en las libertades formales y el talante casi documental, notorio en escenas de Easy Rider como la curiosa visita a una comuna hippie. Mucha cámara en mano, cadencias no aceleradas, iluminación natural, improvisación y actores no profesionales daban forma a una película libertina y de espíritu libre que tal vez no está muy bien rodada pero encarna perfectamente una época en la que la música podía ser más importante y sobretodo, valoraba la experiencia vital.

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Viendo la película se comprende lo que pudo suponer el rodaje o cómo esa secuencia psicodélica en el cementerio de Nueva Orleans está rodada bajo los efectos del LSD.

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Como en toda road movie, lo importante no es tanto la trama o si llega al destino sino las etapas, los espacios y los personajes que aparecen. Desiertos, gasolineras, moteles de mala muerte, ermitaños, bandidos, mujeres descarriadas, alcohólicos, hippies, campesinos o policías a la caza son referentes y arquetipos de estas películas que se nutren del contraste de personajes, la sorpresa, la excentricidad y el descubrimiento de otras formas de vida.

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En el caso de Easy Rider, el equívoco, muy europeo es pensar que todo lo que huele a contracultura es igual a hippie, algo bastante impreciso. En el film, Hopper puede encarnar el arquetipo hippie pero no así el resto.

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Los hippies han quedado como cabezas visibles de un tiempo en el que los jóvenes quisieron cambiar el mundo y plantaron cara al sistema pero algunos fueron beats, otros yippies, otros moteros, algunos anarquistas… La contracultura americana que no estaba tan politizada como el Mayo del 68 francés los aglutinaba a todos.

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Probablemente, Easy Rider no sea la mejor road movie de todas las que se han rodado hasta la fecha pero junto a Zabriskie Point (Antonioni, 70) es la que puede tener más valor histórico y testimonial de un tiempo que va camino de cumplir su medio siglo y convertirse casi en leyenda.

Pienso que es deber de los historiadores, el poder beber de fuentes como el cine o la música para comprender un periodo tan importante del siglo XX y así mismo poder trazar las conexiones con nuestros tiempos.

Viendo el film, muchas cosas habrán quedado desfasadas pero está claro que hoy toda la cultura backpacker y viajera es heredera de lo que aquellos easy riders despertaron.

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Para el que quiera más información cinematográfica industrial recomiendo la lectura del libro Easy Riders, Ragging Bulls (how the sex.drugs and rock’n roll generation saved Hollywood).

Estais invitados al coloquio del próximo lunes 8 de febrero a las 18.30 en el Aula Magna de la Universidad de Barcelona (edificio histórico, plaza universidad) o al resto de proyección que seguirán con el ciclo hasta el mes de mayo.

Alexis Racionero Ragué