Bases filosóficas de la India

India es la madre de todas las tierras, como si los orígenes de todo lo que alguna vez fuimos formara parte de ella. La historia de la humanidad más, profunda, umbilical y primigenia en un sentido mágico e inaprensible provienen del valle del Indo y de los Himalayas, un territorio dividido en varios países y que tienen  el monte Kailash  como epicentro. Montaña sagrada para el hinduismo o el budismo de la que nacen ríos como el Indo y el Brahmaputra que descienden por las tierras de la India para desembocar en el mar Arábigo y el golfo de Bengala.

diosa

India creció en el valle del Indo y con los drávidas del sur que consideran que lo sagrado, lo absoluto (encarnado por el dios Brahma) está en todas las cosas y que por tanto la divino está en la vida misma. En el norte se desarrollaron las bases del budismo tantra y en el sur, el yoga bhakti de entrega amorosa a la divinidad expresando los sentimientos sin ningún tipo de pudor o del desapego propio del budismo tradicional, por eso sus gentes son más alegres y vitalistas.

Hinduismo, jainismo, islam y catolicismo conviven en la India desde hace siglos, habiendo desaparecido de su territorio el budismo al que alumbró para que se extendiera a países del sureste asiático, la china, el japón y finalmente a occidente.

Niña templo

Esta amalgama de religiones traza una riqueza espiritual difícil de encontrar en otras partes del mundo y lo que se hace más difícil para nosotros los occidentales es comprender que allí el concepto religión se transforma en filosofía, o como práctica ritual que se integra en lo cotidiano.

En India todo es sagrado y divino pero la madre naturaleza, además de la cima del Kailash se manifiesta en las agues del Ganges que nace en las fuentes Gangotri, desciende por Rishikesh, la llamada capital del yoga famosa desde la visita de los Beatles, sigue por  Haridwar y a su paso por Varanasi deja escenas imborrables vinculadas a viejos rituales.  Todo hinduista debe al menos bañarse una vez en la vida, en los ghats (embarcaderos) de esta ciudad sagrada, a la que volverá para morir, convirtiéndose en ceniza sobre las aguas.

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El río (véase la gran película del mismo nombre de Jean Renoir) ejemplifica el ciclo de la vida en el sentido plenamente hinduista que ha impregnado muchas otras filosofías orientales. Nacimiento y muerte son una misma cosa. El cuerpo es tan solo un objeto continente de nuestra alma inmortal o prahna. Al morir volvemos al origen, en una nueva reencarnación que dependerá de la ley del karma, aquella que dicta si se nace como casta alta, media, baja o dentro del mundo animal en función de los méritos de nuestra anterior vida.

A partir de ahí es preciso encontrar nuestro dharma o verdadera esencia de nuestra vida, aquello para lo que estamos capacitados, la verdadera vocación que colmará nuestro ser.

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La filosofía hinduista es injusta debido al sistema de castas pero excepcional en demostrarnos mediante del dharma que no se trata de ser lo que otros quieren o lo que nos exige el sistema competitivo sino aquello que mejor haremos, sintiéndonos realizados y beneficiando a los demás.

Así mismo, además del concepto infinito del tiempo, el pensamiento hindú contempla la dualidad como algo neutro donde bueno y malo son una misma cosa. Las polaridades existen pero no como algo extremo e irrevocable. Todo es cambiante y todo forma parte de un absoluto, así que el miedo comprende la valentía, la oscuridad es luz y viceversa o la tristeza puede ser alegría en pocos minutos.

Niña bicicleta

Estas ideas filtradas y asimiladas compensan nuestro pensamiento occidental, comprendiendo que si estamos tristes es por no ser capaces de ver la parte de alegría que comprende la tristeza. Todo puede ser bueno o malo, dependiendo del prisma con el que lo miremos, así que mejor ser optimista y si nuestra naturaleza nos lo impide, al menos podemos esperar que pronto el cambio traiga la felicidad.

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Así nos lo hizo comprender un sadhu, llamado Deugan Baba que nos acogió en su casa de Rishikesh cuando queríamos entrevistarle sobre por qué los hippies fueron a la India y nos sometió a una especie de sesión iniciática de la filosofía hinduista entre mantras (cantos), conversación, meditación y tal vez un poco de brujería. Yo me asusté porque examinó mi hara (ombligo) o centro energético para asegurarme que estaba fatal. Tenía razón pero tardé algo en comprenderlo.

Lo que no he olvidado es su sonrisa que se desdoblaba un rostro amenazante cuando quería o tal vez eran las capas de una misma cara. Se despidió con frases sencillas pero que no está mal recordar.

“Everything can be good, Everything can be bad (Todo puede ser bueno o malo)

Everything is for you, not yours.  (Todo es para tí, no tuyo). “

 

Alexis Racionero Ragué (texto y fotografía)

 

PD – En breve trataré de sintetizar las filosofías de la India,  a modo de esquema simplificado.

 

 

 

 

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